Uniendo dos mares
La idea de su apertura existía ya desde la antigüedad. El primer intento se atribuye al siglo VII a. C., mientras que el esfuerzo más sistemático fue realizado por el emperador Nerón en el año 67 d. C. En la época moderna, el recién fundado Estado griego se interesó por el canal desde sus inicios, e Ioannis Kapodistrias encargó un estudio al respecto. La excavación se completó finalmente en 1893.
Hoy en día, el Canal da servicio a unos 15.000 barcos al año, procedentes de más de 50 países. La altura máxima permitida para los barcos es de 52 metros debido a los puentes ferroviarios y de carretera. Situarse sobre uno de los puentes y observar el paso de un barco desde arriba es una experiencia reveladora de la escala de esta obra.
Si tiene tiempo, acuda a los extremos del Canal, en los antepuertos de Istmia y Poseidonia, para contemplar el paso desde el nivel del agua y ver los puentes sumergibles. Estos permiten la conexión por carretera entre la Grecia Central y el Peloponeso sin interrumpir la navegación. Ver cómo se sumergen para dejar pasar un barco forma parte ya de la vida cotidiana del Istmo.
El Canal de Corinto es una frontera viva. Un punto de transición donde la geografía, la ingeniería y la historia se encuentran en un corte rectilíneo absoluto.































