El antiguo oráculo del helenismo
El culto divino y su curso histórico
El santuario inicialmente era dedicado a la Madre Tierra (Dione), y luego pasó a la adoración de Zeus de Dodona. El rey Pirro, en el siglo III a. C., lo convirtió en capital religiosa construyendo imponentes edificios y el famoso teatro. A pesar de las destrucciones causadas por los etolios y, más tarde, por los romanos, permaneció activo hasta el año 392 d. C., cuando el cristianismo impuso el cierre de los templos y la tala del último roble sagrado.
El modo de adivinación
El oráculo mantuvo durante siglos su carácter al aire libre en torno al roble sagrado. Los primeros sacerdotes, los llamados «Selloi», vivían descalzos y dormían en el suelo para estar en contacto permanente con la tierra. Más tarde, las sacerdotisas Pelíadas interpretaban los oráculos a través del susurro de las hojas, el murmullo de la manantial sagrada o el sonido de los trípodes de bronce que vibraban con el viento.
Significado y ofrendas
Desde el siglo VIII a. C., los fieles dedicaban joyas, armas y figurillas, contribuyendo a la economía de la región. Aunque poco a poco fue perdiendo protagonismo frente a Delfos, ya que los visitantes acudían a ella principalmente para asuntos personales, Dodona siguió siendo un símbolo del culto primigenio
Hoy en día, el yacimiento arqueológico invita al visitante a un viaje a las raíces de la espiritualidad griega. Allí donde el susurro de las hojas transmitía la voluntad divina, la historia sigue viva a través de las imponentes ruinas.


























































